Este post ha surgido leyendo el tema del Newsletter de la Coctelera ("Cuál es el objeto de mayor valor económico o emocional que has encontrado o perdido").

Como dije soy muy distraída y sumado esto a las continuas mudanzas por el trabajo de mi marido he perdido muchas cosas… : recetas del médico, un cuento que escribí, algún libro, la primera carta de amor que mi esposo me escribió, la colección de historietas de Inodoro Pereyra, lapiceras, direcciones, números de teléfono...
Pero el objeto al que haré referencia, el cual tiene una suerte de gemelo que entra en la categoría de ”encontrados”, es parte del comienzo de la historia de amor con el hombre que hoy es mi esposo:

En el año 1987 comencé a “cartearme” ,por idea de una amiga, con gente de distintos lugares del país por un aviso publicado en
el suplemento “Sí “ del diario Clarín, entre ellos con “S”. Después de varias cartas, “S” quiso conocerme. No sé por qué, acepté (cosas de la juventud, o del destino… lo que tenía que ser…), por suerte!!!.

En agosto quedamos en encontrarnos en la pizzería de la esquina del hospital donde yo estudiaba. Como no nos conocíamos yo le dije que iría con un disco de Queen en cuya tapa cruza la palabra JAZZ; imposible que se equivocara.
Esa tarde en que nos vimos… nos pasamos todo el rato charlando, parecía que lo conocía de toda la vida, desde siempre…
En ese encuentro me regaló un koala que se prendía a la ropa… Durante alguna otra salida lo perdí... Poco tiempo después, como si el destino quisiera devolvérmelo de alguna manera, encontré otro similar en la calle.
Hoy recordando, se me ocurrió preguntarme…¿Habría otra historia de amor que comenzaba -como la nuestra- detrás de este “gemelo”???.

(Si alguien hace 20 años encontró/ perdió un osito koala similar o igual al de la foto… por favor acercarse con su historia a la oficina de objetos perdidos de este blog).




Un arte (Elizabeth Bishop)

El arte de perder no es muy difícil;
tantas cosas contienen el germen
de la pérdida,
pero

perderlas no es un desastre.

Pierde algo cada día.

Acepta la inquietud de perder
las llaves de las puertas,
las horas malgastadas.

El arte de perder no es muy difícil.

Después intenta perder lejana,
rápidamente:
lugares, y nombres,
y la escala siguiente de tu viaje.

Nada de eso será un desastre.

Perdí el reloj de mi madre.
¡Y mira!
desaparecieron la última o la penúltima
de mis tres queridas casas.

El arte de perder no es muy difícil.

Perdí dos ciudades entrañables.
Y un inmenso reino que era mío,
dos ríos y un continente.

Los extraño,
pero no ha sido un desastre.

Ni aún perdiéndote a ti
(la cariñosa voz, el gesto que amo)
me podré engañar.

Es evidente que
el arte de perder
no es muy difícil,
aunque pueda parecer
(¡escríbelo!) un desastre.